jueves, 27 de septiembre de 2012

Camino de Santiago Francés - Quinta etapa

De Puente la Reina a Estella

Miercoles, 26 de Octubre de 2011


     Hasta Puente la Reina hemos podido llegar por cualquiera de las cinco variantes francesas y alguno de los dos ramales españoles, pero a partir de ahora y hasta llegar a Santiago avanzaremos siempre hacia el oeste, siguiendo por el día el curso del sol, y en las noches despejadas bajo la Via Lactea. El recorrido de esta etapa por tierras navarras transcurre por los enclaves de los escenarios más significativos de las guerras carlistas, ocurridas a lo largo del siglo XIX tras la muerte de Fernando VII, y que enfrentaron a los partidarios de su hermano Carlos VII en detrimento de su hija Isabel II.

     Nos levantamos antes de amanecer y dejamos el albergue de los Hermanos Reparadores cuando todavía la oscuridad y las estrellas cubrían Puente la Reina. Preparamos el cuerpo para el camino que nos esperaba por delante con un estupendo desayuno, y salimos de la ciudad con las primeras luces del día.


     Abandonamos Puente la Reina cruzando el magnífico puente medieval que, dicen, tiene 110 metros de largo soportados por 7 ojos, aunque no por todos ellos discurre el agua del río Arga. Hemos recorrido los primeros tramos en compañía de otros peregrinos, tres catalanes de Blanes y un exótico japonés, pero enseguida nos hemos separado de ellos siguiendo el paso de Gabi que hoy ha sido "la liebre". Echando la vista atrás observé cómo las brumas matinales se asentaban en el fondo del valle mientras los primeros rayos del sol empezaban a iluminar los campos navarros.




     La temperatura de la mañana era "fresca", lo que además de en la cara se notaba en la escarcha que cubría los rastrojos de las fincas, cuyos cristales brillaban a la salida del sol como las piedras tras los escaparates de Tiffanis. Los contrastes del camino, tan numerosos a lo largo de todas las etapas, también se mostraban en las piedras de las cunetas. El calor de los primeros rayos de la mañana, que alargaban las sombras casi hasta el infinito, se recibían con gratitud.


     En poco menos de una hora llegamos a la población de Mañeru, localidad de afamadas tabernas, donde la torre de la Iglesia de San Pedro se eleva por encima de los tejados del pueblo. En la fachada de uno de los numerosos palacios y casas señoriales de la ciudad encontré el primero de los escudos blasonados del día, dorado por el sol.


     Dejamos Mañeru atrás y seguimos hacia Estella, acompañados en el camino por numerosos olivos, así como otras plantas silvestres que esperaban que el viento esparciera sus semillas por doquier. Sin embargo fueron las vides, que ya habían hecho acto de presencia antes de llegar a Puente la Reina,  nuestras inseparables compañeras por estas tierras, y a saber hasta cuando...


     Y allí en lontananza, enmarcado entre las nubes del cielo y los campos de olivos, vides y espárragos de las tierras rojas navarras, nos encontramos con Cirauqui, donde despuntaba en lo alto la iglesia-fortaleza de San Román.


     Alcanzar este pueblo no fue tarea fácil, y no precisamente porque la puerta de la muralla estuviera cerrada, sino porque las empinadas cuestas hicieron algo difícil alcanzar la plaza del ayuntamiento. Aprovechamos un pequeño descanso a mitad de la ascensión para tomar un rápido café, revitalizador a pesar de ser de máquina. Entramos en el conjunto histórico de la ciudad cruzando un arco de su antigua muralla, donde pudimos disfrutar con los relieves de una magnífica estela discoidal. Tras cruzar el arco, las empinadas y empedradas calles nos mostraron un sin fin de rincones pintorescos, bien cuidados y arreglados gracias a la atención de los vecinos.




     Pueblo medieval bastante bien conservado, Cirauqui disfruta de una interesante iglesia fortaleza en lo mas alto de la población, levantada a comienzos del siglo XIII y dedicada a San Román. En  su fachada sur presenta un magnifico pórtico polilobulado que recuerda al de la Iglesia de Santiago de Puente la Reina. 



     Un pueblo pintoresco, que mantiene numerosos vestigios de su antigua grandeza, como los restos de la muralla defensiva, la iglesia fortaleza en lo alto del pueblo y numerosos escudos mostrando la nobleza del lugar.


     Tras el sello de rigor en la credencial y una breve charla con un grupo de ciclistas andaluces (señoritos sobre dos ruedas, apoyados en su viaje a Santiago por una gran furgoneta que les transportaba las mochilas y los víveres, y les servía además de taller de reparaciones con mecánico y chófer incluido), seguimos camino por la antigua calzada romana de Iguste, que salva el barranco con un robusto puente de un único arco. La calzada está bastante mal conservada a pesar de los trabajos de dos modernos Rómulo y Remo convertidos en personal de mantenimiento de la diputación, que dedicaban sus esfuerzos a recomponer parte de las piedras a la salida del puente. Cuando les dejamos, les quedaba mucho trabajo por delante hasta llegar a dejar el puente como en sus mejores tiempos...

     El Camino, que sigue la antigua Vía Romana, se entrecruza en varios puntos con otro camino mas moderno, la autopista Logroño-Pamplona, contraste interesante que a la vez te invita a pensar en las prisas del dia a dia.


     Seguimos el camino entre tierra de viñas y, al poco de cruzar el puente medieval de Dorrondoa, alcanzamos a una pareja del grupo de coreanos que habían pernoctado en Puentelareina. Cargados con su cámara, como buenos orientales, en esta ocasión parece que no les dio tiempo a tender la colada en el albergue, llevando varias prendas al sol sobre sus mochilas. Qué apañados !!!


     El camino continuaba por una carretera local en dirección a Alloz, donde la calzada romana se intercambia por un moderno acueducto de hormigon y hierro, el canal de Alloz, que acerca el preciado líquido a las huertas de la región.


     Nada más pasar por debajo del canal, una senda a la izquierda nos condujo hasta el río Salado, citado en el códice Calixtino como venenoso dada la elevada cantidad de sales que transportan sus aguas, pero que nosotros atravesamos cómodamente por un puente medieval bien arreglado. En sus proximidades crecian unas bonitas encinas formando un acogedor bosquecito. Habíamos llegado a las proximidades de Lorca, ciudad homónima de la otra murciana, que alcanzamos tras coronar una importante pendiente y pasar por varios túneles que cruzaban bajo las carreteras aledañas.


     Atravesamos Lorca por la Calle Mayor, donde se levanta la iglesia de San Salvador, y lo dejamos atrás camino de Estella. Anduvimos un buen tramo paralelos a la carretera N-111 y otro rato junto a viñedos de vivos colores otoñales. De pronto vislumbramos a lo lejos una ciudad de dimensiones importantes que, olvidándonos de mirar nuestra guía, creímos que era Estella, nuestro final de etapa.


     Sin embargo las ganas por llegar nos jugaron una mala pasada ya que, tras cruzar varios túneles por debajo de la N-111 (NA-1110), un indicador nos hizo darnos cuenta de que se trataba de Villatuerta (o Bilatorta), ciudad en amplio crecimiento debido a su cercanía a la autovía y a la capital de la merindad. El nucleo urbano lo divide en dos el río Iranzu, colmado de plantas acuáticas en la época que llegamos allí, sobre el que se levanta un puente románico-medieval bien conservado.. Un poco más allá, en lo alto, siguiendo la calle de la Rua Nueva, se levanta la robusta iglesia de la Asunción, de la que lo que más recuerdo es la fuente adornada con peces ubicada frente a la puerta de entrada. Me causó sensación !!!


     Siguiendo el Camino de Estella, una senda nos conducía, esta vez sí, hacia Estella. Al cabo de unos cientos de metros dejamos a la izquierda la ermita de San Miguel, que estaba cerrada cuando pasamos. El camino transcurría zigzagueando a lo largo del rio Ega, y parecía que te llevaba y te traía en todas las direcciones. El otoño comenzaba a dejar su huella en casa uno de los rincones junto al río, donde los arboles empezaban a vestirse de colores ocres y dorados.


     La llegada a Estella se nos hizo larga, quizás porque los indicadores de distancias no eran muy correctos (o al menos eso nos pareció), o quizás porque no recuerdo haber parado a reponer fuerza en ningun bar, o porque el fiasco de encontrar Villatuerta donde creíamos debería estar Estella nos hizo mella en el ánimo. No obstante, paso a paso, nuestras piernas nos fueron llevando a las primeros edificios de las afueras de Estella, una bodega en el Camino de Candelitera, donde el olor que despedía reanimaba a los muertos. Y un poco más adelante, la presa de un molino levantado junto al río.


     En la Calle de nombre de Curtidores, reminiscencia del medievo, pasamos junto a la iglesia del Santo Sepulcro, mezcla de diversos estilos, destacando su portada gótica y los dos conjuntos de seis figuras cada uno a un lado de la fachada. Y a los poco pasos nos encontramos con el Puente de la Carcel (o puente "picudo" - ¿por qué será?-) que da paso a la Rua, calle donde se encuentra ubicado el Albergue Municipal.


     Como a la hora que llegamos, las 13:20, el albergue tenía cerrada sus puertas y no abría hasta las dos del mediodía, decidimos cruzar el Puente de la Carcel y en la primera taberna que encontramos nos dispusimos a reponer fuerzas con unos magníficos pinchos de tortilla acompañados de una jarra de fria cerveza con limón. Qué buenos estaban, y qué bien nos dejaron el cuerpo!!!


     La población de Estella se sitúa al pie del monte de San Millán (Peñaguda) y está delimitada hacia el sur y oeste por el Río Ega, que forma un gran meandro a su paso por la ciudad. Es un claro ejemplo de población medieval, cuyo trazado ha subsistido prácticamente hasta nuestros días en el casco antiguo de la ciudad.


     Pero antes de dar un paseo por la ciudad, nos registramos en el Albergue Municipal, donde otros peregrinos ya habían llegado. Tras una ducha rápida decidimos, siguiendo los consejos de nuestra guia de viaje, acercanos a probar el menú del Restaurante Casanova, muy cerca de la Plaza de los Fueros, donde nos sirvieron un estupendo plato de alubias rojas (también llamadas caparrones), carne con pimientos, postre y café que nos dejaron más que satisfechos.


     Después de comer dejé a Gabi en el Albergue, para que descansara un rato, y me fui a dar una vuelta por la ciudad. La soleada mañana había quedado atrás dando paso a una tarde nublada y con viento fresco y racheado. ¿Estaremos de cambio?

     La ciudad de Estella fue fundada en el año 1090 por el rey Sancho Ramírez de Navarra y Aragón sobre un primitivo poblado llamado Lizarra , a medio camino entre Puente la Reina y Los Arcos. Poco a poco el asentamiento se fué articulando en torno a la Rua de las Tiendas, hoy de San Nicolás, calle por la que discurrían los pergrinos camino de Santiago. La ciudad fué creciendo y se consolidaron los burgos de San Miguel, de San Juan y la población del Arenal para finales del siglo XII. La ciudad vivió gran auge al mismo tiempo que la ruta Jacobea y hoy sigue conservando gran parte de sus monumentos medievales. En época más reciente albergó la corte carlista entre 1873 y 1875, manteniendo en la actualidad el Museo de la Historia del Carlismo en lo que fué el Palacio del Gobernador. Como a mi me gusta observar las ciudades desde lo alto decidí, pasando antes junto a la Iglesia de San Pedro de Lizarra, subir hasta la Iglesia de Nuestra Sra del Puy, donde un pintor estaba plasmando sus lineas sobre un lienzo.


     Desde lo alto se dominaba la ciudad, que mostraba esta bonita vista, mostrando muchos de sus importantes monumentos sobre un fondo de agrestes peñas. Desde allí, en la lejanía, se vislumbraba también el Monasterio de Irache, paso obligado en nuestra etapa del día siguiente.


     El paseo por la ciudad me llevó por diferentes plazas, como la de Santiago, con los dragones dormitando sobre su fuente, la de San Miguel, con la Fuente de la Mona, donde el agua fluye a traves de sus cuatro chorros y un león se recorta en lo alto del conjunto, y la Plaza de los Fueros, dominada por la Iglesia de San Juan Bautista.


     La plaza de los Fueros, agradablemente porticada, es el centro de la vida social de Estella. Los colores del otoño también había llegado hasta ella, pintado de bonitos tonos las hojas de sus árboles.


     El recorrido sin rumbo por Estella, disfrutando del cada rincón, me llevó hasta un edificio singular en la Plaza de la Coronación, que aunque tenía todo el aspecto de una estación de ferrocarril, las vias ferreas brillaban por su ausencia. En tiempos, el tren sí paraba en Estella, pero las vias desaparecieron y su estación se transformó en la actual estación de Autobuses. La temperatura se había vuelto fresca, y un café en el bar de la Estación me caldeó por dentro, antes de seguir hasta el puente del Azucarero, desde donde se perfilaba en lo alto la Iglesia de San Miguel.


     El rio Ega, fundamental en la distribución de la ciudad, está surcado por numerosso puentes de diferentes épocas, y desde sus orillas se puede disfrutar de bonitos paseos y agradables vistas.


     Junto a la plaza de San Martín, antiguo nucleo central de la población en la que se ubica la Fuente de la Mona (o de los chorros), encontramos tres monumentos históricos casi unidos. Por un lado el Palacio de los Reyes de Navarra, del siglo XII, testigo solitario de la arquitectura civil románica en Navarra, donde destaca su fachada principal que se abre porticada a la rúa de peregrinos. Junto a él está el antiguo Palacio de Justicia, de estilo barroco, junto a una casa de portalón gótico. Y en lo alto, al final de una larga escalinata, se eleva la iglesia de San Pedro de la Rúa, actualmente en reparación y sin posibilidad de acceso para visitar su interior y su claustro.  


     Estos edificios están llenos de espectaculares detalles, como el capitel del Palacio de los Reyes que representa el combate entre Roldán y Ferragut mencionado en la leyenda de la Canción de Roldán, o la portada del siglo XIII de la iglesia de San Pedro de la Rúa, de arco polilobulado similar a los vistos en Cirauqui y Puente la Reina, donde se puede observar una abundante decoración con motivos vegetales, geométricos y figurativos.


     Caminando por la Rúa de San Nicolás, de vuelta al albergue, me encontré con el Palacio de los San Cristobal, actual casa de Cultura, que presenta una espenda fachada, y al que se accede a través de un labrado portalón. En su interior un magnífico patio de estilo renacentista con esbeltas columnas nos da la bienvenida a la Casa de Cultura de la ciudad. Un poco más allá me encontré con el taller de un artesano, oficio inusual en estos tiempos, y finalmente entré en el Palacio del Gobernador, acondicionado como Museo del Carlismo, movimiento que tuvo gran arraigo en esta zona de Navarra, y donde los peregrinos alojados en el albergue tienen entrada gratuíta.


     La simple enumeración de los  valores artísticos de esta afortunada ciudad se hace interminable. Pero está claro que todos ellos conviven de forma armoniosa en este conjunto urbano, donde las casas solariegas y los palacios renacentistas comparten admiración con las iglesias románicas y los comercios modernos.


     Estella es una ciudad muy interesante que todos deberíamos conocer en alguna ocasión. La nuestra ha sido esta, y ahora, una vez cenados, nos vamos a dormir junto con el resto de peregrinos llegados a Estella. Mañana nos espera una nueva aventura con destino Los Arcos, y parece que va a ser bajo la lluvia. ¿Nos acompañas?.




"Hoy hemos culminado una nueva etapa en tierras navarras, recorriendo los enclaves de algunos de los escenarios mas significativos de las guerras carlistas, esas ocurridas a la muerte de Fernando VII por los partidarios de su hermano Carlos VII en detrimento de su hija Isabel II. Tras desayunar en Puente la Reina, hemos salido de la ciudad con las primeras luces del dia, cruzando el magnífico puente medieval de, dicen, 110 metros de largo y 7 ojos. Hemos recorrido los primeros tramos en compañía de otros peregrinos catalanes y un exótico japonés, pero enseguida nos hemos separado siguiendo el paso de Gabi que hoy ha sido "la liebre". La temperatura era "fresca", y los rastrojos estaban cubiertos de escarcha, cuyos cristales brillaban a la salida del sol como en Tiffanis. Las viñas salpicaban ambos lados del camino.

A los pocos pasos de pasar Mañeru, tras una colina, ha aparecido Cirauqui, un emplazamiento construido en lo alto de un monte. Pueblo medieval bastante bien conservado, con una interesante iglesia en lo mas alto del pueblo que presenta un portico que recuerda el de la iglesia de Santiago de Puente la Reina. Tras el sello de rigor en la credencial y una breve charleta con un grupo de ciclistas andaluces (zeñoritos sobre dos ruedas, con mochilas, víveres y taller de repuestos en una gran furgoneta de apoyo que les acompañaba en su viaje a Santiago) seguimos camino por una antigua calzada romana, bastante mal conservada a pesar de los trabajos de dos modernos Rómulo y Remo convertidos en personal de mantenimiento de la diputación...

Las encinas han hecho hoy acto de presencia formando un acogedor bosquecito en las proximidades de Lorca, ciudad homónima de la otra murciana, que se asienta al final de una importante ascensión. El Camino, que sigue la antigua Vía Romana, se entrecruza en varios puntos con otro camino mas moderno, la autopista Logroño-Pamplona, contraste interesante que a la vez te invita a pensar en las prisas del dia a dia. Poco a poco creemos vislumbrar Estella, pero resulta que se trata de Villatuerta (o Bilatorta), a la que entramos por la calle de San Ginés y donde encontramos un puente de dos ojos y la iglesia de la Asuncion, con una fuente super-ortera con cuerpo de peces... La llegada a Estella se nos ha hecho larga, porque los indicadores de distancias no eran muy correctos (o al menos eso nos ha parecido) y el camino transcurre zigzagueando a lo largo del rio Ega, y parece que te lleva y te trae en todas las direcciones.

Estella es una ciudad muy interesante que hay que conocer en alguna ocasion. La nuestra ha sido esta, y ahora nos vamos a dormir, que mañana nos espera una nueva aventura, y parece que va a ser bajo la lluvia.

Buen Camino !!!"
    Estella, 26-Oct-2011.




Próxima etapa: Camino de Santiago Francés - Sexta Etapa. De Estella a Los Arcos

Etapa anterior: Camino de Santiago Francés - Cuarta etapa. De Pamplona a Puente la Reina



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